¿A quién creer?

Entre el torturador y su víctima, yo siempre creeré a esta. Es una cuestión de conciencia.

Cuando menos Ion Arretxe ha podido contarlo. Hubo jueces y forenses que miraron para otra parte. No lo digo yo. Lo ha venido diciendo con autoridad el forenses Francisco Etxeberria.

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Las torturas, una evidencia.

Captura de pantalla 2015-02-02 a las 19.30.56Severo y turbador artículo el de Alejandro Torrús hoy en Público: «España ha vivido desde 2004 más de 6.600 casos de tortura o malos tratos policiales». Algo deja claro. La tortura en España es una evidencia, algo más que una evidencia, una lacra, incómoda que invita más a soslayarla que a mirarla de frente, ya seas juez o periodista. Nadie que tenga algo de poder o se beneficie de este, sea en la gran prensa, en la universidad o en la Academia, ha escrito nada o que suponga un posicionamiento firme en contra de esa peste policial y gubernamental.

No hay «manual de la ETA» que valga. A casi dos denuncias diarias. Se dice pronto. Y lo más tremendo no son las cifras o el relato de las torturas concretas, algo vertiginoso, sí, sino una denuncia concreta: las torturas en España gozan de amplia cobertura social, mediática, judicial, institucional y médica. Sin esa complicidad las torturas no serían posibles. Todo un compendio de mala fe, cinismo, crueldad y voluntad delictiva.

El artículo de Torrús desvela una saña difícil de admitir porque hacerlo compromete. Es preferible seguir negando los hechos, no investigarlos suficientemente, recurrir al «manual de la ETA», desdeñar desde las páginas de opinión la denuncia de las torturas, cuando no tomarlas de pretexto para burlas descaradas.

Frente a lo que pueda decir de manera blandengue y penosa el magistrado Joaquín Giménez, yo me quedaré siempre, en todo caso, con lo dicho por una de las personas cuyo testimonio se recoge en el artículo: «No me cabe ninguna duda de que el Consejo General del Poder Judicial tiene perfecta constancia del uso de denuncias falsas de resistencia y atentado a la autoridad como estrategia disuasoria frente a las denuncias de malos tratos y de la tolerancia pasiva de muchos jueces por razones que no atisbo». A mí me llama la atención no ya el coraje y la valentía, sino la falta de una elemental humanidad por parte de magistrados, escritores, periodistas, juristas, médicos forenses, uniformados ante el relato inequívoco de las torturas cuya certeza viene avalada por periciales rigurosas, como las de Francisco Etxeberria.

Billy el Niño y su cuadrilla.

1379621714_215259_1379621822_noticia_normalEl grupo de trabajo de la ONU sobre desapariciones forzadas viene a España a ver si el Gobierno cumple con el deber de perseguir a los autores, cuando menos en el papel, y de compensar a las víctimas de los crímenes que tienen su origen en el golpe de estado de 1936 y en el régimen franquista que le siguió. A no dudar, habrá dos versiones, la del Gobierno, mendaz y trapacera, que proclamará hacer todo lo que está en su mano, más incluso, y la que clama por lo desasistidas que puedan estar las víctimas y sus herederos: 130.000 familias que no saben dónde están sus deudos. Se dice pronto. Miles de personas que en todo el territorio nacional batallan con cunetas, archivos, falta de medios materiales y una indiferencia social que en la práctica es una ofensa renovada.

El Gobierno se ha desentendido de esa visita como si no fuera con él, al igual que lo lleva haciendo desde hace meses con el juicio emprendido en Argentina contra la impunidad franquista -mientras en las trastiendas pone todas las trabas jurídicas y diplomáticas que puede: estamos gobernados por tramposos no lo olvidemos-, y lo que es un clamor internacional, en boca del más bobalicón y retorcido de los ministros de Rajoy, Fernández, el policiaco Fernández, no pasa de ser un vago rumor de prensa, algo que ha oído por ahí y a lo que no ha prestado mucha atención porque a su juicio no la merece. Lo que ha oído por ahí es un proceso al franquismo que ellos han impedido se pueda poner en pie en España. Herederos del franquismo son y como tales se comportan. No puede haber sorpresa alguna. (Sigue)
Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 22.9.13