Pomés, una burla sangrienta

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De manera menos lenta de lo que parece, pero sí muy segura, se están sentando las bases  de una sociedad profundamente desigual e injusta, de convivencia de verdad pacífica difícil, en la que no solo hay vencedores y vencidos, sino privilegiados y perjudicados sin remedio por carencia de medios económicos: unos se aprovechan sin límite del sistema y otros lo padecen. Y demagógico eres tú por señalarlo, no quien aplude, calla, justifica, minimiza… porque es de la mism jarca. Es imposible quedarse callado.

Sobre el titular de esta entrada basta repasar en la red de qué se trata el proceso emprendido contra el exeurodiputado (entre otros), los motivos, los hechos y la petición fiscal originaria…

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El proceso

el-proceso-franz-kafka-orson-wellesEs y no es el de Kafka, es y no es el catalán, pero es sin duda uno en el que, nos guste o no, estamos viviendo: un proceso de deterioro imparable de normas éticas elementales, de instituciones y de verdadera convivencia.

Si la captura maliciosa y furtiva de comunicaciones privadas, como las de Puigdemont-Comín, se considera algo de interés público en razón de los interesados, me parece que estamos perdidos. Lo mismo si se considera legítimo. No hablo de intervenciones judiciales amparadas por una cuerpo legal, sino de trofeos de caza mediática a colgar en el reñidero político y de espectáculos informativos.

La persona objeto de la captura de sus comunicaciones puede estar en un lugar público, pero lo que tiene entre manos ni lo muestra ni lo exhibe. Su captura exige disimulo, medios técnicos apropiados e intención de captura. Defender la legitimidad de una actuación como esa es defender un todo vale, no ya en razón de que el perjudicado sea tu adversario o enemigo político, sino sentar las bases de una tara social consistente en que la privacidad se derrumba a pasos agigantados sin causar alarma alguna, con auténtico entreguismo o fatalismo. Esto último hasta puede ser más grave que el intentar dañar a tus enemigos políticos con medios ilegales o que están en aquel famoso filo de la legalidad de la que habló un ministro del Interior de siniestro recuerdo. Festejar esto último como quien festeja una faena taurina de descabello me parece algo siniestro, pero muy en el tono de la tristísima y grave situación que estamos viviendo.

Ahora mismo pocas dudas tengo de que se está haciendo uso del ordenamiento jurídico de manera ideológica y torticera, utilizando cuerpos de enjuiciamiento procesal y retorciendo leyes, pero lo que yo opine y nada es lo mismo. Voy acostumbrándome. Estamos en medio de una batalla política de bandos que tienen sus partidarios y sus adversarios, y los montajes jurídicos, armados para blindar actuaciones políticas dudosas a origen, son un arma de primera desde hace mucho. Basta leer con detenimiento los autos de la juez Llerena -y no solo ella- para darse cuenta del alcance del dislate. No hace falta ser un experto en temas judiciales, con poder leer un periódico con mediano aprovechamiento, basta. La intención ideológica y política está tan clara que los argumentos jurídicos se pierden en lo sonámbulo, por no decir en lo funambulesco. Y cada trinchera tiene sus expertos, eso también es cierto.

Lo he dicho muchas veces: no soy un adivinador del porvenir, por mucho que este me preocupe, visto lo vivido a diario. Pero dudo mucho que con o sin independencia catalana, con o sin vuelco político e ideológico dentro y fuera de Cataluña, con encarcelamientos y procesos enrevesados que pueden durar años, acabe por difuminarse un clima de agravios permanentes y de enconos, y que se pueda vivir en uno de convivencia social pacífica que no esté aherrojado con abusos, multas, condenas, mentiras, prisiones, palos y linchamientos mediáticos constantes. La espuma de todo esto, reflejada en las redes sociales, resulta repugnante. Si lo que ahí aparece es el fiel reflejo de la realidad social del país vamos dados: un potaje de ideas preconcebidas, mala fe, falta de instrucción elemental, incultura, sectarismo, ferocidad… que es cosa siempre del otro. No sigo porque no todo es así, pero cuesta ser ecuánime y hasta defender las propias ideas con coraje y sin ánimo ofensivo o burlesco. Hay una realidad social alarmante que ya es raro que aparezca en el reñidero y no porque haya perdido virulencia, al revés, pero estropea mucho el paisaje. Lo sucedido hace unos días con la leyenda urbana de los desahucios es buena prueba de lo que digo;la amenaza del sistema de pensiones otro tanto, del precario mercado laboral mejor no hablo… Ese proceso de deterioro social está resultando imparable en todos los sectores que sostienen un elemental bienestar al alcance de todos. Lo que resulta kafkiano no es ya ese proceso, sino que sea preciso recordar algo que es del dominio público y que no causa la famosa alarma social que debería, ni siquiera entre los directamente afectados o amenazados. Y así vamos tirando… no, así vamos cayendo.

 

El país del escarmiento…

… y del sinsentido y de la mala leche y del traer a morir al palo y la arbitraiedad… a qué seguir.

Sangrante

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Por fortuna también es forzoso contar con gente así:

Carmen Tomás y Valiente: “En Cataluña no hubo rebelión, porque no ha existido violencia”

 

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http://www.diariodemallorca.es/mallorca/2018/02/03/carmen-tomas-valiente-cataluna-hubo/1284651.html

El país de la paciencia

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Del declarar no enterarse y no saber nada de todo aquello que les compete hasta por ley, han hecho una rutina. Negar la evidencia, afirmar el embuste, vender humo. Aguantamos lo que nos echen. Somos asombrosos, el santo Job a nuestro lado es Espartaco. Descifrable con dificultad resulta que este sea el país de las garrotas y las navajas de Albacete, y no el de los relojes de cuco; parece mentira que el poeta Miguel Hernández escribiera aquello de que «Nunca medraron los bueyes / en los páramos de España». El poeta vibrante y sin duda visionario estaba viendo otro paisaje y a otro paisanaje cantaba.

No sirve de nada decir que asombra que alguien que a preguntas de periodistas responde con pintorescas necedades y vacuidades pavorosas –perdonadas como lapsus patológicos hasta por los poetas de cámara–, presida el Gobierno de un país sin consecuencia alguna, al revés, se ha pasado del bochorno a la celebración jatorra de las gracias. ¿Cómo un hombre de Estado puede decir que no quiere hablar de asuntos amparados por la Constitución, cómo alguien que ha sido ministro del interior puede soltarse con no saber nada de operativos policiales, cómo puede un presidente ignorar todo lo referente a la financiación de su partido y a su propia fortuna, cómo, cómo…? ¿De qué está enterado el presidente o qué es lo que sabe? Es una situación que desarma a cualquiera.

Pero es que ese país es este, y este, digan lo que digan, es un país en quiebra institucional manifiesta; la prueba, Cataluña, la prueba, alguien que hace nada proclamaba su intención de respetar el resultado de un referéndum por él mismo impuesto y ahora recurre sus inequívocos y previsibles resultados porque no le gustan o convienen. Dijo su portavoz: «El Gobierno recibiría con “agrado” que Puigdemont se presentara a las elecciones del 21 de diciembre». A esto se le llama limpio juego democrático. A su lado, los trileros se nos aparecen como jugadores vintage de Wimbledon, auténticos caballeros de antes de que esta palabra se convirtiera en un lapo de falsa cortesía.

Y no solo eso, sino que el Gobierno pone en manos de un tribunal que cree controlar, el Constitucional, la vida social y democrática de Cataluña, afianzando esa monumental anomalía como es que la vida política de un país dejase de pasar hace mucho por el Congreso de Diputados para hacerlo por Tribunales de excepción o por otros, ya manipulados con descaro por el propio Gobierno, de manera confesada en público, al tiempo que proclaman su independencia, aunque no puedan ocultar el baile de magistrados afines.

Una quiebra tan grave que ya no tiene ni la salida airosa de las elecciones generales anticipadas ni los referéndums, porque en manos del partido en el poder no son de fiar. De un proceso constituyente mejor no hablemos porque de pronto arden las voces en su contra. Y el país calla y como mucho murmura en las redes sociales o protesta en balde y sin verdadero garbo. Por muy acertada que esté la oposición parlamentaria, que suele estarlo, perora en el vacío. Agotador.

Cualquier Gobierno europeo hubiese caído con estrépito de haberse hecho públicos los métodos de financiación, electorales y no electorales, del partido que lo sostuviera, como está sucediendo aquí un día tras otro con la tropa valenciana que apunta a donde le conviene. De cualquier Gobierno europeo hablo. El nuestro no. El nuestro se mantiene terne en escena como si no pasara nada, que tal vez sea esa la clave, que no pasa nada o muy poco, E la nave va y de manera milagrosa no se hunde, sino que flota y navega, en círculos cerrados como barco de juguete en ciénaga, pero va, hipnótica y adormecedora porque no se aleja, como hacía la de los locos, sino que se queda y da vueltas y más vueltas en torno al mismo remolino violento, el de nuestra historia escrita por nuestros demonios.

¿Y la ciudadanía? Buena pregunta, conviene hacérsela. Pues la ciudadanía hace lo que puede, ladra, vitorea, vota a quien le expolia, empuja, es multada, silenciada, no se da por enterada o está tan baldada que ya solo responde encogiéndose de hombros, y hasta eso es demasiado.

*** La imagen es un fotograma de la película Amanece que no es poco (1988), de José Luis Cuerda.

La zafiedad al poder

villalobos_0Días pasados, a raíz de las últimas declaraciones delirantes de Celia Villalobos, escribí que no merecía la pena comentarlas porque  esas frases, expresiones de una forma rastrera de percibir la realidad, se comentan solas y son el más eficaz autorretrato de quien las escupe. Pero luego he pensado que tanta zafiedad irrita y es preciso dejar constancia de que cuando menos resulta un despropósito que alguien como Celia Villalobos presida el Pacto de Toledo, donde se dilucida una cuestión tan grave como son las pensiones de jubilación.

Es preciso recordar algo que parece no inquietar en exceso a la ciudadanía, que piensa sin duda que el Estado proveerá, y es que el Gobierno de Mariano Rajoy ha liquidado el fondo de reserva de las pensiones y se ve obligado ahora mismo a tomar prestado de otros lugares. Y es de temer que dentro de las actuaciones ideológicas del Gobierno esté la privatización total de ese sistema, previos recortes destructivos.

Y junto a lo anterior es preciso recordar   que Celia Villalobos, que entre sus muchos cargos tuvo el de ministra de Sanidad,  hablaba de «los tontitos», cuando de problemas de discapacitados se trataba; que sostiene que en realidad en las fábricas los obreros no rinden y se demoran horas extras para hablar de futbol y de motos; que afirma con contundencia que «España va hacia delante, quieres reservar en un restaurante y no puedes, porque está todo lleno»; que cuando fue ministra (¡!), al tiempo de la epidemia de las vacas locas, sostuvo con alegría doméstica que no pasaba nada, que también se podía hacer «el caldo con huesos de cerdo» y todo consistía en tirar los de vaca; que se echaba siestas de descaro en su sillón parlamentario por el que cobra de manera indecorosa (ayudas de vivienda teniendo la propia); que en un debate del estado de la nación le pillaron jugando al Candy Crush, en su tableta gratuita, en la tribuna de presidencia de la cámara; que para responder a una diputada de la oposición de probada valía lo hizo con un espatarre tabernario que daba vergüenza ajena; que dirigiéndose a su chofer dijo  «No eres más tontos porque no te entrenas»; que alardeaba con desvergüenza de haberse hecho una «importante mochila presentable» a costa por supuesto de su vida política, la que la ciudadanía ve como parasitaria; que sostiene que hay pensionistas que pasan más tiempo cobrando que el que han trabajado… Como dije al principio: un autorretrato, grotesco y repulsivo.

Y que quien está enmochilada y cebada por la política y «divina de muerte», proponga el ahorro minúsculo del acogotado frente al expolio monumental del Gobierno no es que suene a burla sangrante, sino que resulta cuando menos asocial y patológico, y denota que esa persona ignora paladinamente el país en el que vive y de qué y cómo lo hace una mayoría de la población, buena parte de la cual roza o naufraga en el drama. Cómo alguien así puede ejercer cargos de responsabilidad política es y no es un misterio, porque personajes como ella forman parte activa de la actual vida política española: la zafiedad al poder, quedó dicho; y junto a ella, la falta de empatía social y la falta de instrucción y cultura elementales.

Se nota de lejos que la «divina de muerte» es una persona carente de sentido social de la política, tal vez a causa de su notoria instrucción deficiente, cuyo cometido político, dirigido sin duda, es el de irritar a la oposición con sus desplantes y majezas, toda una forma de hacer política en tiempos sombríos, y dentro de Europa. Con unos medios de comunicación vendidos y entregados, meros transmisores de consignas gubernamentales, no resulta alarmante que asuntos tan graves y amenazados como el futuro de las pensiones estén en manos de políticos como Celia Villalobos al frente del Pacto de Toledo, que cada vez se ve más claro tiene por objetivo prioritario y lacayuno el desmantelamiento del estado social, previo saqueo institucional. Como para echarse a dormir a pierna suelta.

¿Y?… pues nada, como siempre

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http://www.publico.es/politica/apologia-fascismo-casino-militar-madrid-acoge-acto-exaltar-neonazi-condenado-atacar-blanquerna.html

Nada importa, el silencio de los justos, los democrátas, los constitucionalistas a ultranza, la gente de orden avala este y otros despropósitos, abusos y actos delictivos, y la marea crece. No se echarán las manos a la cabeza porque es el abono del modelo de país que buscan.

La irresistble ascensión del Movimiento Nacional

Cuando el asco rebosa

*** Restringir el derecho de representación política de un diputado electo en base a hipotéticas actuaciones que puedan llevar a cabo terceras personas no parece una argumentación muy sólida.

 

*** Tres agentes de la Policía Nacional pueden llamar “osito” al exvicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras; tienen vía libre para especular sobre su futurible violación en prisión provisional -“Que lo pongan a cuatro patas”-, y pueden mofarse de él hasta el punto de asegurar que, así, a lo mejor “le arreglan el ojo”. Y pueden hacerlo vistiendo el uniforme y estando de servicio a las puertas de la Audiencia Nacional, pero el Ejecutivo de Mariano Rajoy no parece apreciar ninguna irregularidad en esta conducta, que sí ha llevado a la Dirección General de la Policía a abrir una información reservada.

La desvergüenza

http://www.publico.es/tremending/2018/01/16/twitter-celia-villalobos-hay-pensionistas-que-estan-mas-tiempo-cobrando-la-pension-que-trabajando/

Celia Villalobos: “Hay pensionistas que están más tiempo cobrando la pensión que trabajando”

 ¿Para qué comentar lo que se comenta solo, lo que llevas tanto tiempo comentando?  Sabes que es en balde, que ellos ahí siguen con su desvergüenza, su prepotencia de parásitos sociales y su falta de empatía de clase, porque aquí se trata de una cuestión de casta y clase para encubrir el desfalco de las pensiones de jubilación. O desconocen  la realidad social del país o solo son unos maleantes. El desmantelamiento del estado social es un hecho, empezó ya hace años, de una forma me temo que irreversible. El caso de esta persona dando lecciones, con su historial de siestas, chulerías y falta de decoro en el escenario parlamentario, es tal vez el más sangrante –hoy… porque mañana más, mañana otro, no hay cuidado–.

«No, es el mercado, amigo»

rodrigo-ratoEsa es para mí la frase más demoledora que se haya dicho y oído en toda la semana porque resume con contundencia una época. La soltó un corrupto condenado a cuatro años y seis meses de prisión (por el momento), que fue vicepresidente del Gobierno y que hace lo que le viene en gana: Rodrigo Rato. Lo dijo para coronar esta desvergüenza: «¿Sabe usted cuánto han perdido los accionistas de la banca? ¡Cien mil millones, más otros setenta mil que han puesto en ampliaciones de capital! ¿Y eso es un saqueo? No, es el mercado, amigo». Ese falsamente familiar y prepotente «amigo» final, es de chulo en barra de taberna, de guapetón, que es lo que es, y de camorrista.

El mercado al que se refiere Rato son las viviendas sociales vendidas a fondos buitres; son los servicios públicos deteriorados de manera consciente y planificada para hacerlos privados y convertirlos en empresas protegidas por el poder; son las pequeñas empresas que cerraron y nunca se han podido recuperar; es el negocio del hormigón que sigue por los mismos caminos que antes de que estallara la crisis; es el saqueo de las indemnizaciones millonarias; es la manía del cobro en dinero negro sostenida por los teóricos del fraude como fuente de la economía.

El mercado es la banca cuyo rescate estamos pagando todos los ciudadanos; es el imparable chorro de desahucios que se producen a diario; es ir convirtiendo el derecho a la vivienda protegido por la Constitución en un collarín de garrote; es el tráfico de personas y el indecente montaje de empleos precarios que benefician, y mucho, a empresarios sin escrúpulos o convencidos de que «así son las cosas», que es algo que tranquiliza mucho las conciencias. Ese es el mercado de Rato y los de su casta.

El mercado es que mientras gente como Rato ganaba fortunas con negocios y manipulaciones fraudulentas o indecorosas, una masa de ciudadanos perdía sus ahorros en tiempos que amenazaban borrasca; es que la pobreza energética es un hecho mientras que los amos de las eléctricas y los hampones a ellas arrimados se enriquecen de manera escandalosa; es que el ciudadano está siendo saqueado por todos los costados.

El mercado es una forma de vida y una de hacer política conducente al sometimiento y sumisión de una buena parte de la ciudadanía a la que se mantiene atada de pies y manos y se le arrebata, por miedo, la capacidad hasta de rechistar. Es el mercado quien gobierna este y otros países muy por encima de las urnas, puestas estas a su servicio permanente, salvo cuando de manera sorpresiva no dan como resultado el que se esperaba. El mercado es que el sistema legal está casi por completo a su servicio, o no tan casi, y lo va a estar más en el futuro, de manera que al ciudadano no le queda más remedio que acatar y dar por bueno aquello que le perjudica de manera notoria en su patrimonio y en su forma de vida. Es decir, una forma de dominación que excede en mucho lo conocido hasta ahora. Es el mercado quien sostiene al Gobierno y es el Gobierno el que hace todo lo posible para que ese sostén se mantenga. Solo así se entiende la presencia e intervención de nubes empresariales, lobbies financieros y bursátiles, en episodios puramente políticos, como acaba de suceder en Cataluña. Solo así se entiende la indecente manera en que el Gobierno ha cedido soberanía nacional a favor de multinacionales o transnacionales o sistemas económicos extranjeros y dominantes.

Es el mercado el que nos está tronzando, empobreciendo, mientras los medios de comunicación baten palmas sobre la bonanza económica, la recuperación, porque es el mercado el que los sostiene en su notoria precariedad financiera y por eso ocultan las cifras de pobreza o que desde el inicio de la crisis, y gracias al mercado, más de 2,1 millones de jóvenes han perdido su empleo. ¡Fiesta, esta noche es fiesta!… ¿No? Y el gordito Rato salta de su yate al mar del verano, porque ha sabido manejar el mercado, no como nosotros.

«¡Eso es todo amigos!», exclamaba el cerdito Porky al término de la sesión de dibujos animados –los Looney Tunes–, pero esto ni ha sido divertido ni se trata de dibujos animados, sino de un descalabro nacional.