Marchas de la dignidad

raquellibre-zgz-23112016-foto-pablo-iban%cc%83ez-arainfo-2-1024x684Tengo que cerrar este artículo antes de saber cómo van a acabar hoy las marcha de la Dignidad. La última vez, en marzo de 2014, estuve viendo su desarrollo en Madrid hasta la vibrante intervención de Diego Cañamero y el ataque por parte de los antidisturbios después de que se produjeran unos hechos confusos en los que daba la impresión de que habían intervenido los habituales agentes provocadores, a juzgar por las imágenes y precisas informaciones difundidas entonces.

Al término de aquella marcha fueron detenidas personas que no intervinieron en los disturbios, y lejos del lugar donde ocurrieron los enfrentamientos, como la aragonesa Raquel Tenías, para quien ahora se han pedido cuatro años de cárcel, acusada de desórdenes, atentado y daños por los procedimientos habituales, los propios de un régimen policial. Lo que le ha sucedido a Raquel nos podía haber pasado a todos y a cualquiera. Su historia ha venido siendo ampliamente difundida en prensa y en las redes sociales estos días pasados. Cuando fue detenida todavía no se había aprobado la ley Mordaza, ley de excepción plena, por mucho que haya estado enmascarada, y que ahora puede ser derogada, pero que en su desmesura y abusos judiciales es sostén del régimen policiaco español y estará por ver si con su derogación cesan los abusos policiales.

Las Marchas de la Dignidad de hoy van contra el gobierno PPPSOEC’S y sus políticas económico y sociales: «Ni recortes sociales ni reformas laborales», «No al pago de la deuda», «Contra la represión, amnistía», «Ni CETA ni TTIP»… asuntos estos que a una parte significativa de la sociedad española en nada inquieta porque con su apoyo expreso se perpetran los abusos denunciados. Es necesario oponerse a esas políticas dentro y fuera del Congreso.

Marchas no, lo que haría falta es una toma de la calle como respuesta al saqueo del fondo de pensiones de días pasados, asunto este de máxima gravedad y que por lo visto no consigue preocupar de verdad a aquellos que con seguridad van a ser los principales perjudicados, pensando que el Estado proveerá o en su defecto ocurrirá algún milagro por obra de las devociones de un Gobierno que recorta derechos y conquistas sociales y el bienestar justamente de quienes no han podido hacerse ricos, y veta todas las proposiciones de ley cuyo objetivo no es otro que paliar los efectos de una política dañina para la ciudadanía dominada por el temor a perderlo todo, en beneficio de una clase a salvo de esas contingencias. Desengañémonos: no va a haber revueltas salvíficas como las de los trabajadores franceses y sus sindicatos.

Tras el retiro de 9.500 millones del fondo de pensiones, los aumentos de impuestos resultan insuficientes a medio plazo para cubrir el actual sistema de jubilaciones. Ese fondo ha sido desguarnecido y abocado a la extinción por el gobierno de Rajoy, algo que incomprensiblemente no ha hecho perder votos a quien ha colocado al país al borde efectivo de la ruina. Para quienes no creemos en milagros y sí en cuentas, parece imposible que, salvo que se saqueen ahora las economías privadas, pueda mantenerse este régimen económico que ha enriquecido a muchos y empobrecido a muchos más, creando una alarmante situación de desigualdad social.

La prensa que apoya este régimen autoritario-neoliberal tiene la desfachatez de promover las consignas de recuperación económica hasta límites grotescos como es el de señalar que la economía española es «el motor de Europa», algo que datos no manipulados por el aparato de propaganda del régimen desmienten con tozudez: no solo ha vuelto a aumentar el paro, sino que se ha extendido la mala calidad del empleo, y la pobreza y la exclusión social han aumentado –más de 13,3 millones de ciudadanos corren ese riesgo y unos 3,5 millones viven con unos 330 euros al mes–, las colas del hambre ya no asombran a nadie… mientras tanto los mamporreros del régimen se burlan de manera obscena en los medios de comunicación que le son afines y cobran por ello: no hay parados, sino mucho vago; las ganancias de los manipuladores de la energía eléctrica son objeto de reportajes más admirativos que críticos; el ministro de justicia sostiene que la corrupción del PP ha sido absuelta por los votos de los españoles… y así una detrás de otra, sin que reciban respuesta efectiva alguna. Ah, sí, Pablo Iglesias dice que no bebamos Coca-Cola.

Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, “Y tiro porque me toca”, 4.12.16.

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