Algo más que cifras

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Las cifras de daños sociales que contradicen con tozudez el optimismo gubernamental van apareciendo a diario en los rincones del escenario, como si este, decorado como lo decoren, fuera incapaz de contener esa avalancha que apunta al abuso y la miseria.

Así, fuentes de la magistratura han hecho público que entre julio y septiembre de este año se han ordenado 12.148 desahucios, siendo más de la mitad correspondientes a alquileres. Esas cifras, unidas a las de años anteriores, nos hace ver que existe una población flotante que va con sus bártulos de un lado a otro, y que quien no puede pagar hoy, es dudoso que pueda hacerlo mañana. Unas cifras que sin duda esconden tanto dramas como picaresca de supervivencia, lo que no deja de ser un drama. Ambos hablan de una inseguridad vital tan extendida que hace de lo previsto en la Constitución papel mojado o mera bambolla: una parte importante de la ciudadanía está empujada a situaciones límite de manera irremediable.

(SIGUE: Artículo publicado en el diario Cuarto Poder, 14.12.2016, aquí enlazado)

 

 

 

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Celia Villalobos o la desvergüenza

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Celia Villalobos o la desvergüenza… o la certeza de que vivimos en países distintos. Esta caradura ignora porque quiere, porque le conviene, para su mundo de Cundy Crush, los miles y miles de trabajadores ya sean asalariados o por cuenta propia que tienen extenuantes jornadas de trabajo, pagadas a pedo burra, con salarios que ella y los suyos han fijado o creado las condiciones para que sean mínimos, y lo hacen porque no les queda más remedio, porque no tienen otra salida, no para hablar de furbol, de motos o de “otras cosas”… por no hablar de las horas extras gratuitas, la explotación laboral que ella y su partido no atajan…  Decir que las suyas, propias de cortijera dirigiéndose con desprecio de clase a sus  peones, son palabras miserables, es poco.

De fuera vendrán…

herald_of_nassau-vianden Sí, de fuera vendrán, pero a decirte cuatro cosas. Entre las noticias bomba, los puentes y sus escapadas, y la peatonalización de la Gran Vía madrileña, las cuestiones de fondo que nos atañen quedan estos días en un muy segundo plano, que es donde se prefiere que estén para que no estropeen la fiesta. Las colas del hambre tienen que recibir un «tratamiento» navideño para no molestar demasiado, la precariedad laboral aburre y lo mismo por lo que se refiere a los muertos del Mediterráneo… en cambio las botellitas de Vega Sicilia que se ha llevado bajo manga el presidente gallego tienen «su cosa», así como picarona, y poco importa que sean una muestra más de la falta de decoro de los gobernantes.

         Es más importante que el fiscal haya conseguido paralizar el caso del Pequeño Nicolás, que como todo el mundo sabe pone en peligro la existencia misma del Estado, que la publicación en el New York Times de un artículo en el que se denuncia la pervivencia del franquismo en la España de hoy. Una obviedad para quien padece los modos de gobierno del régimen impuesto por Rajoy, y para el patriota cuartelero un insulto a la soberanía nacional, pura leyenda negra, que me extraña Rajoy no aproveche para salir a la plaza de Oriente a recibir un baño de multitudes, a modo de papamoscas entrañable y navideño. Bien es verdad que el directo no es lo suyo, pero esas cosas se pueden hacer en diferido, con pantallas supersónicas y un fondo de villancicos y marchas militares, alternando.

         El autor del reportaje se extraña de que no se hubiesen depurado las instituciones franquistas, un equivalente a la desnazificación de otros países. Ni hubo depuración ni la habrá, en la medida en que los principales beneficiarios fueron los protagonistas de la dictadura y sus directos herederos, hasta hoy. Los fantasmas del pasado son los guapetones del presente, los depredadores bancarios, los uniformados que se encargan de la represión ciudadana, los jueces que actúan más por ideología que por el sentido de equidad de unos códigos cuyo articulado se ha retorcido no para servir a la ciudadanía, sino a una ideología política claramente autoritaria.

         También se extraña el articulista de que en España no haya partidos de extrema derecha, como en Francia o en Grecia, pero no se da cuenta de que no son necesarios porque esa derecha torva y autoritaria lleva años en el gobierno, sostenida por las urnas, sus medios de comunicación y ahora mismo por el ruido permanente de las redes sociales donde se persigue a unos y se da carta blanca a otros que sí pueden amenazar, injuriar, difamar y aplaudir el terrorismo de Estado y sus consecuencias. He leído a quien pide meter bala de una vez a los subsaharianos que han saltado estos días la valla de Ceuta. La incitación al odio solo opera en un sentido. Lo que en unos se persigue, en otros se tolera y con esta tolerancia se alienta…

         Y por lo que respecta a la presunción de inocencia, lo mismo. Eso funciona para unos y no para otros, como acaba de demostrar el diario La Razón con la portada más indecente de la democracia en la que, con desprecio de la legalidad, se lincha a los muchachos detenidos de Alsasua: la prensa como órgano de propaganda del régimen y sus intereses políticos, que en este caso van del lado de la pervivencia del terrorismo. Una cosa es el respeto, escrupuloso dicen, a la ley y otra el mirar para otra parte y no atreverse a tomar partido… claro que cada cual lo toma para sí y los suyos. Me temo que en este lamentable, triste y siniestro caso, quien más fuerza tiene –policial, política, mediática–, puede imponer su versión de los hechos… de la magistratura afín al régimen para qué hablar.

         Y vuelvo al New York Times que es terreno más seguro, no vaya a ser que nos acusen de hacer apología del terrorismo. Cuando hablando de fosas y Memoria Histórica, Rajoy dijo que había que mirar hacia el futuro, hacía burla de la buena fe de los ciudadanos porque lo que estaba diciendo no es que no hay que mirar hacia el pasado, «para no generar tensión ni división», que también, sino que no hay que mirar ni para el presente ni sobre todo para ningún lado. Prietas las filas. El futuro, su futuro, no es más que una repetición de su presente: miseria y agobios vitales para unos, y medidas policiales y represivas para quien alce la voz, en beneficio de la clase social que él representa. ¿Demagogia? Sí, mucha… bonita.

Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 11.12.2016

Fernando Vallejo y los tartufos

imagesFernando Vallejo podrá llamarles malparidos e hijueputas, y cagarse en sus muertos, que es lo que dice de manera ritual,  pero como lo hace de Colombia y solo de Colombia, o eso parece, cosecha los aplausos de los mismos  que de hablar de los amos de esta España que es paradisiaca para unos y un pozo negro para otros,  lo recluirían en un CIES, le aplicarían la ley de Extranjería, la Antiterrorista o el retorcido  articulado del  siniestro Código Penal de un país que con los colores de la democracia hace matasuegras.

¿A quién creer?

Entre el torturador y su víctima, yo siempre creeré a esta. Es una cuestión de conciencia.

Cuando menos Ion Arretxe ha podido contarlo. Hubo jueces y forenses que miraron para otra parte. No lo digo yo. Lo ha venido diciendo con autoridad el forenses Francisco Etxeberria.

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Algo más que “pena de portada”

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La primera página de La Razón de ayer resultaba repugnante, pero ni más ni menos que otras. ¿Presunción de inocencia? Ninguna. ¿Un “pasillo de la muerte” en Alsasua, a las cinco de la mañana, en noche de farra, detalles estos que se omiten? Creen que tratan con débiles mentales…. no, no, se dirigen a la parroquia, en su azuze, para cosechar su aplauso y  afianzar una condena policial. Presunción de inocencia para los míos, en ningún caso para el enemigo, instrucción procesal objetiva lo mismo, sobre todo para el enemigo necesario, ese que me sirve para sustentar  mi discurso. ¿Quién ha filtrado esas fotografías y esa información? En otros casos el rasgado de vestiduras habría sido tan preceptivo como sonoro, en este no.  No son medios de comunicación, sino portavoces propagandísticos del régimen policíaco del Partido Popular.

https://www.cuartopoder.es/telematon/pena-de-portada/9166

Pícaros y tartufos

comida_picaros-620x349Aparecen a diario en los márgenes de la riada de mugre: embusteros, estafadores, guapetones, caballeros de industria protagonistas de lances que sólo serían chuscos si no se llevaran con ellos el sentido de una elemental ética pública que está bajo mínimos por mucho que se denuncie y acabe de mala manera en los tribunales.

Es para preguntarse cómo un personaje de la talla circense del ‘Pequeño Nicolás‘, que hace buena aquella aseveración de un magistrado de que en toda estafa hay un tonto y un sinvergüenza, y la espesa tropa que le rodea, tiene que ocupar primeras planas como si con ello fueran a dirimirse gravísimos asuntos de Estado. Si es así, demos este país por perdido sin remedio; si no lo es, queda claro que vivimos en un sainete de enredo, en un pastelón de policías, empresarios, pícaros, lerdos y parásitos sociales que aquel policía metido a comunicador simpaticorro no habría dudado en agrupar bajo su etiqueta Los chungos y los fules.  ¿Que se va a depurar alguna corrupción con esa maraña de diligencias judiciales? Lo dudo. Lo que cuenta es el numerito, ya muy gastado dicho sea de paso.

A los de las tarjetas black, Blesa y Rato, los acaban de calificar de depredadores, pero tengo la sospecha de que el despliegue informativo acerca de su vida privada y del uso que han dado a los dineros conseguidos en la cueva de Ali-Babá ha causado más admiración que interés en los modos de conseguirlos, carentes de ética y faltos de un elemental decoro. Qué más daba si practicaban usos asociales incompatibles con el manejo de dineros ajenos, lo que ha contado eran los yates, las cuernas de los bichos abatidos, las bodegas… la vidorra que se han dado. Eso importa, el daño causado en personas concretas, directamente afectadas, menos.

Guamán Poma de Ayala, en su Nueva corónica y buen gobierno (1615), señala que en el Perú, los españoles, ya fueran de toga o sotana, acostumbraban a practicar con soltura e impunidad lo contrario de lo que predicaban; algo que asombraba y sobre todo desconcertaba a los indios, hoy originarios. A la prédica del no robar respondían con el saqueo, a la de la obediencia a la institución real, el abuso. La denuncia de Poma de Ayala fue en vano, su memorial se perdió por el camino, no llegó a manos de Felipe III a quien estaba dirigido y no hubo reforma alguna; y el criollo heredó con gusto y provecho indudable las artes de los invasores y encomenderos.

El rasgado de vestiduras del caso Eduardo Inda resulta llamativo. Se ha debatido con más interés la publicación de unos hechos poco nobles, como es el impago de una pensión alimenticia, que los hechos mismos. Sólo a sus adversarios políticos les incomoda que el paladín de la honestidad nacional, el denunciador de todas las corruptelas  que no duda en echar mano de informes falsos para desacreditar de manera encarnizada a sus enemigos, incumpla con alegría sus obligaciones legales. En cambio, a sus seguidores les molesta la publicación del impago, no la realidad de éste, para el que encuentran justificación práctica, un descuido, como el de la tela de araña de Alfredo Zitarrosa, o lo consideran un asunto que hay que solventar en privado porque a ese ámbito pertenece. El juego sucio se justifica a diario: yo me permito lo que a ti te censuro y prohíbo. Y eso está tan extendido que es norma, uso social, una mentalidad excluida de examen alguno.

Cierto es que Inda, salvo para sus secuaces, compinches y seguidores, estaba desacreditado mucho antes de que nadie publicara nada relativo a su vida, pero en un caso como el suyo, dudo mucho que la publicación de ese documento procesal sea una invasión de vida privada alguna por la manera desaforada en que viven de lo público. Me temo que es cuestión de tiempo (poco) que el ámbito privado de los personajes públicos se extienda de tal manera que se cree de hecho una zona opaca que permita en la práctica la impunidad de sus actuaciones en las que lo público y lo privado se mezclan de manera inextricable.

Inda y los que son como él tienen sus incondicionales, son héroes mediáticos, protagonistas no de algo real que contagia y envenena la vida pública, sino de una comedia de enredo cuyos revolcones se celebran o silencian según convenga. Nada tiene consecuencia real alguna, como si eso sucediera en la arena de un palenque de peleas más amañadas que otra cosa, en la que unos días se pierde y otros se gana. Mala época ésta para quien cree que la vida pública de un país debe desarrollarse con otras normas y usos que los de la gallera.

O ya no nos asombra ni indigna que el gobernante mienta con aplomo porque cuenta con el apoyo de su bancada parlamentaria y de los medios de comunicación que a su servicio publican la propaganda del régimen, o nos hemos acostumbrado. «Así son las cosas…», se dice con más pereza que fatalismo. Al comienzo de su mandato, los embustes de Rajoy resultaba escandalosos, tenían una grosería de rentista de casino de pueblo o de cacique a quien no le inquieta ni poco ni mucho lo que puedan pensar ni renteros ni peones. Unos años después sus patrañas han terminado siendo tan banales como un numerito demasiado visto, un cansino lugar común que apenas se señala. Acostumbrados o no a las mentiras de los gobernantes, con ellas se instala el descrédito de las instituciones y por extensión una falta de elemental respeto ciudadano cuyas manifestaciones brotan aquí y allá, en todos los lugares donde en apariencia se debate lo que concierne a nuestra dura realidad:  en la gallera nacional. Nos puede la pelea, el picotazo, el golpe de espolón o de puntilla, el zasca, el desplante, la majeza… y a la hora de votar, se nota.

Artículo publicado en Tribuna de Cuarto Poder, 7.12.16

Raquel Tenías absuelta

Me alegro mucho de la absolución de Raquel Tenías porque su acusación me pareció siempre un abuso policial… solo que una frase de la sentencia me chirría.
Dice el juzgador: “es frecuente a la hora de valorar las declaraciones testificales de los policías tener en consideración la objetividad que en principio cabe atribuir a las mismas dada su condición de funcionarios públicos pero han de ser valoradas conforme a las reglas del criterio racional y contrastadas con los demás medios de prueba.”
Esa objetividad que en princpio cabe atribuir a los testimonios policiales “por su condición de funcionarios públicos” lo pudre todo, marca a mi juicio un desequilibrio procesal habitual, una manifiesta desigualdad ante la ley y una inseguridad juridica peligrosa dado que raras veces se contrastan esos testimonio con otros medios de prueba de imposible obtención en muchos casos… El día que vea que un policia antidistrubios es condenado por falso testimonio, cambiaré de opinión, mientras tanto seguiré pensando que lo que le pasó a Raquel Tenías nos podía haber pasado a cualquiera y que pueden hacer contigo lo que les de la gana.

 

Marchas de la dignidad

raquellibre-zgz-23112016-foto-pablo-iban%cc%83ez-arainfo-2-1024x684Tengo que cerrar este artículo antes de saber cómo van a acabar hoy las marcha de la Dignidad. La última vez, en marzo de 2014, estuve viendo su desarrollo en Madrid hasta la vibrante intervención de Diego Cañamero y el ataque por parte de los antidisturbios después de que se produjeran unos hechos confusos en los que daba la impresión de que habían intervenido los habituales agentes provocadores, a juzgar por las imágenes y precisas informaciones difundidas entonces.

Al término de aquella marcha fueron detenidas personas que no intervinieron en los disturbios, y lejos del lugar donde ocurrieron los enfrentamientos, como la aragonesa Raquel Tenías, para quien ahora se han pedido cuatro años de cárcel, acusada de desórdenes, atentado y daños por los procedimientos habituales, los propios de un régimen policial. Lo que le ha sucedido a Raquel nos podía haber pasado a todos y a cualquiera. Su historia ha venido siendo ampliamente difundida en prensa y en las redes sociales estos días pasados. Cuando fue detenida todavía no se había aprobado la ley Mordaza, ley de excepción plena, por mucho que haya estado enmascarada, y que ahora puede ser derogada, pero que en su desmesura y abusos judiciales es sostén del régimen policiaco español y estará por ver si con su derogación cesan los abusos policiales.

Las Marchas de la Dignidad de hoy van contra el gobierno PPPSOEC’S y sus políticas económico y sociales: «Ni recortes sociales ni reformas laborales», «No al pago de la deuda», «Contra la represión, amnistía», «Ni CETA ni TTIP»… asuntos estos que a una parte significativa de la sociedad española en nada inquieta porque con su apoyo expreso se perpetran los abusos denunciados. Es necesario oponerse a esas políticas dentro y fuera del Congreso.

Marchas no, lo que haría falta es una toma de la calle como respuesta al saqueo del fondo de pensiones de días pasados, asunto este de máxima gravedad y que por lo visto no consigue preocupar de verdad a aquellos que con seguridad van a ser los principales perjudicados, pensando que el Estado proveerá o en su defecto ocurrirá algún milagro por obra de las devociones de un Gobierno que recorta derechos y conquistas sociales y el bienestar justamente de quienes no han podido hacerse ricos, y veta todas las proposiciones de ley cuyo objetivo no es otro que paliar los efectos de una política dañina para la ciudadanía dominada por el temor a perderlo todo, en beneficio de una clase a salvo de esas contingencias. Desengañémonos: no va a haber revueltas salvíficas como las de los trabajadores franceses y sus sindicatos.

Tras el retiro de 9.500 millones del fondo de pensiones, los aumentos de impuestos resultan insuficientes a medio plazo para cubrir el actual sistema de jubilaciones. Ese fondo ha sido desguarnecido y abocado a la extinción por el gobierno de Rajoy, algo que incomprensiblemente no ha hecho perder votos a quien ha colocado al país al borde efectivo de la ruina. Para quienes no creemos en milagros y sí en cuentas, parece imposible que, salvo que se saqueen ahora las economías privadas, pueda mantenerse este régimen económico que ha enriquecido a muchos y empobrecido a muchos más, creando una alarmante situación de desigualdad social.

La prensa que apoya este régimen autoritario-neoliberal tiene la desfachatez de promover las consignas de recuperación económica hasta límites grotescos como es el de señalar que la economía española es «el motor de Europa», algo que datos no manipulados por el aparato de propaganda del régimen desmienten con tozudez: no solo ha vuelto a aumentar el paro, sino que se ha extendido la mala calidad del empleo, y la pobreza y la exclusión social han aumentado –más de 13,3 millones de ciudadanos corren ese riesgo y unos 3,5 millones viven con unos 330 euros al mes–, las colas del hambre ya no asombran a nadie… mientras tanto los mamporreros del régimen se burlan de manera obscena en los medios de comunicación que le son afines y cobran por ello: no hay parados, sino mucho vago; las ganancias de los manipuladores de la energía eléctrica son objeto de reportajes más admirativos que críticos; el ministro de justicia sostiene que la corrupción del PP ha sido absuelta por los votos de los españoles… y así una detrás de otra, sin que reciban respuesta efectiva alguna. Ah, sí, Pablo Iglesias dice que no bebamos Coca-Cola.

Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, “Y tiro porque me toca”, 4.12.16.