Libertad de expresión, injurias y otras arenas movedizas.

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¿Inseguridad jurídica, mala fe, hipocresía social, convenciones, coveniencias…? Si yo hago mofa y escarnio público de la identidad u orientación sexual de un cargo público,  con seguridad el afectado recurriría con pleno derecho al Código Penal que en su artículado prevee la sanción de esa conducta tipificada como un ilícito penal, en cambio puede darse la paradoja de que esa misma persona califique de libertad de expresión la conducta delictiva de la profanación religiosa prevista en el artículo 525 del mismo código. Y quienes aplauden lo primero como una defensa ante un agravio, aplaudan lo segundo como el ejercicio de un derecho legítimo al margen de la ley.

La memoria perdida

Conviene leer, de paso, las páginas canallas que dedica Bartolomé Bennassar a este asunto… Hasta los diputados de Mauleon/Maule se expresaban compungidos admitiendo el trato recibido por los refugiados tanto en el cercano campo de Gurs como en otros. Los periódicos regionales de la época no dejan lugar a dudas.
La placa que en la rue de Trévise de Paris recuerda que allí nació Max Aub, no dice que los campos de concentración por los que pasó no fueron alemanes…

Por vergüenza, casi nadie en Francia ni España quiere recordar los campos de concentración cercanos a la frontera donde fueron a parar, en 1939, más de medio millón de soldados y de republicanos españoles.
milenio.com|De Jordi Soler

Sigo, refugiados, campos de concentración, maltrato… Nunca he entendido cómo se puede publicar esa fotografía, en la que se ven a dos refugiados, en un campo de concentración, claramente maniatados a un poste, en una obra como “La guerre d’Espagne et ses lendemains” (Perrin, Paris, 2004,) en la que se defiende que el trato recibido por los refugiados fue bueno. Y en el pie de foto se dice que las alambradas fueron, más tarde, fuente de inspiración artística y poética, silenciando lo que se ve de manera inequívoca en el documento gráfico.

Foto de Miguel Sánchez-Ostiz.