Vendrán por ti…

4DPGeorge Groszict“Aboga por tomar medidas para evitarlo- Barcina ve “sangrante” que “los batasunos se infiltren en los colegios navarros”- La jefa del Ejecutivo foral ha avanzado que propondrá “cambiar el estatuto de la función pública para evitar este tipo de situaciones”.

Sabe que lo que dice es mentira, ella y los suyos lo saben. Si no fuera perverso, podría pasar por un discurso político cretino. La patraña viene orquestada desde Madrid y en este caso nadie de los habituales se rasga las vestiduras. Hace unos años, si en Madrid te echaban encima el sambenito de batasuno ibas dado, te quedabas sin trabajo y hasta tu agente literaria te ponía en la puerta. Eso lo saben de buena tinta los pesebristas del gobierno de Navarra, sus artistas e intelectuales de cámara, los que callan y no hay atropello que no aplaudan. Hora es de decirlo.
El régimen policiaco que ha puesto en marcha esta gente solo es nefasto cuando nos perjudica directamente. No les importa utilizar informes policiales que no deberían estar en sus manos. Y si lo están, ¿en calidad de qué? Y ningún juez interviene porque sin duda lo da por bueno… ¿Medidas? ¿Cuáles? ¿Listas negras? ¿Más? ¿Como en 1936, cuando se represalió a los maestros de las escuelas navarras por ser vasquistas o republicanos? ¿Cuántos colectivos o ciudadanos navarros han sido investigados de esa forma? Un asco. El asco que no cesa. Con esta gente es imposible entenderse, son nuestros enemigos sin remedio.

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Cuestión de leyes

mayoria-progresista_3328_1Era previsible que esa ley no gustara a la derecha que se ha abstenido de votarla o lo ha hecho en contra, fiel a sus principios de pasividad, inoperancia, pasar páginas en balde, burlar por sistema la insuficiente Ley de Memoria Histórica, apoyar de facto la barbarie de los alzados y no querer condenar de frente y de una vez por todas un régimen dictatorial y sus consecuencias… lo que llaman con desparpajo “consenso”, el del no remover. Todo lo que les molesta o les hace ver que hay una mayoría social que quiere otra forma social, es “romper el consenso”, enfrentar, reavivar las heridas que no fueron cerradas jamás. La derecha navarra no ha estado nunca a favor de una acción social en pos de la Verdad, la Justicia y la Reparación, jamás: papeles mojados, marrullerías y palabras de madera.

El contenido de esa breve ley foral es de verdad progresista y revolucionario en varios aspectos. Uno de ellos, fundamental a mi modo de ver, es el de que sea cursada una petición oficial de anulación de los juicios del franquismo y de sus consecuencias personales y económicas. Aquí estamos frente a una actuación de condena frontal y de restitución moral plena de las víctimas, o casi, dado que el franquismo y la acción criminal de los sublevados produjeron daños irreparables. La pervivencia de ese corpus judicial sigue dando apariencia de legitimidad a la dictadura. Es preciso desautorizar por completo sus leyes y las consecuencias de su aplicación en condiciones de burla y completa indefensión que hacía de la acción de magistrados cómplices una farsa descarada. Es preciso, cuando menos, denunciar de manera institucional cuando menos esa farsa, que quede claro que no tuvieron legitimidad alguna en el amparo legal de cobertura que buscaron para sus abusos.

2012052412295813442Y junto a lo anterior, algo más importante de lo que parece: el prescribir una actitud activa de las instituciones en orden al reconocimiento de los hechos y de las víctimas: los actos institucionales. Ahora no caben subterfugios y ese hacer como que se hace para no hacer tan habitual hasta ahora. Si el Gobierno actual no cumple la Ley del Parlamento se denuncia a sí mismo (de nuevo). Y aquí mismo me detengo porque no quiero ser agorero y ensombrecer el triunfo.

Asimismo, conviene no olvidar que esta ley no hubiese sido posible sin el empeño de las víctimas y de quienes les han sostenido dentro y fuera del Parlamento foral a lo largo de muchos años. Todo un logro social y político.

fe3046206c4a60ca2ad123d3f7f8fa51_XLFrente a este triunfo de una mayoría social progresista, el ministro del Interior quiere sacar adelante una ley de seguridad ciudadana que, en la práctica, es una ley que quiere garantizar la impunidad de los abusos policiales alentados y planeados desde el gobierno: pasar del limbo (palabras de Fdez.) al paraíso. Nada nuevo ni nada que pueda sorprendernos. Fernández Díaz no es un demócrata ni de lejos, sino alguien que, una actuación detrás de otra, ha ido revelando un acusado perfil patológico. Las suyas han sido actuaciones confesadas (tirar de hemeroteca) en el filo de la ley y en ese lado de las cloacas del Estado en las que este burócrata del autoritarismo neoliberal se mueve a sus anchas: el de la sordidez malévola del sometimiento de unos ciudadanos por otros de mejor clase y casta, todo ello albardado de una religiosidad repulsiva en la que tal vez encuentre inspiración para lo que se revela como una perversión política. Recordemos que comparó al aborto con ETA.

Ley de Orden Público, pues, y enseguida tribunales que la apliquen, es decir, tribunales de orden público al servicio del gobierno: el TOP del franquismo. Es de no creer, oyes decir, pero no, al revés, es de mucho creer y venía ya muy anunciado.

2e246c992c9197d04f333c17bd2d69d5_articleLa del ministro Fernández va a regular las “ofensas a España”, es decir, que nadie va a poder decir que éste que han formado es una mierda de país, y endurecer todo ese sistema perverso de multas administrativas cuyo objetivo es acoquinar a la población. Ésta es una ley elaborada ex profeso para acogotar más a una población exhausta, empobrecida y quitarle las ganas de echarse a la calle. No se trata de salvaguardar la seguridad del ciudadano, sino la impunidad de un régimen neoliberal y autoritario. Es una ley para blindarse. De ahí a atentar de manera seria contra la libertad de expresión y el derecho a la información no hay ni siquiera un paso. Prohibir la difusión de imágenes de la bestialidad policial es algo más que un recorte al derecho a la información, es la ocultación de pruebas de actuaciones que pueden ser delictivas. Se comenta solo.

El Consejo de Europa ha denunciado la deriva autoritaria del gobierno y la amenaza y recorte de libertades individuales, y la vulneración sistemática de derechos ciudadanos. Denuncia ésta a la que el Gobierno del PP ha hecho oídos sordos.

Ahora queda por ver algo que resulta crucial: la voluntad de cambio social. Es decir, comprobar si los partidos o formaciones políticas que aspiran a ese cambio social cada día más necesario contemplan el compromiso de la abolición de todas y cada una de las leyes dictadas durante estos años de autoritarismo en blindaje de un violento régimen policial de nuevo cuño o van a aprovecharse de ellas en propio beneficio.

 

Desgarro social

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El corresponsal de El País en París hablaba el otro día de que en Francia había desgarro social, algo insólito, digno de atraer nuestra atención ya muy baldada; un desgarro que equivale a una fractura también social provocada por una política de recortes y un aumento del racismo, entre otros motivos.

Asombroso. Hasta ahora pensábamos que solo estábamos naufragando en la mugre los del pelotón de los pobretones, pero no, parece que ahora también los ricos sufren, y que estos también tienen sus pobres que se rebelan y se enfrentan a las fuerzas del orden que protegen su mundo de seguridades y privilegios y negocios que no paran, que ese es el misterio. ¿O tenemos miedo de hablar de lo que aquí sucede, o lo nuestro es una ceguera voluntaria y dirigida para no crear alarma social? Problemas, los demás, nosotros nada. La nuestra sigue siendo una sociedad cohesionada, sin enconos ni conflictos, sin ese foso entre ricos y pobres cada día más profundo, con casi seis millones de parados, pero todavía capaz de organizar eventos en el hotel Palace como el de la revolución del pintxo, tanto frío como caliente, asunto este que a los cinco o seis millones de parados reales les produce un interés arrebatador y a los desahuciados lo mismo. Lo revolucionario marca tendencia, es tendencia: ese asco del lenguaje de la trampa.

Aquí no, aquí no pasa nada, en todo caso descontento, esa indignación ya digerida a modo de burla, de hecho solo muestran su rabia los jubilados, los sanitarios, los enseñantes, los desahuciados, los mineros… y ahora los de las basuras. Hermosas hogueras ciudadanas las de esta gente que se va a la calle, mientras los amos de las empresas del sector, que son muchos, se han forrado con las licitaciones y adjudicaciones de obras. A la calle que vamos sobrando en todas partes, en lo pequeño y en lo grande. No les hacemos falta, ya no les hacemos falta. A la calle, al desgarro.

581613cdc2ff61d81bbdeef296d808d8_articleEl fuego de las basuras. Y es que aquí no hay manera de entenderse. Si no le pegas fuego a alguna barraca no te hacen caso. Si no lo haces te condenan al diálogo, ese en el que tú callas y acatas y el otro habla e impone. Por eso dejan la jiña en la calle, para que huela y se entere todo el mundo, y pegarle fuego para que se vea el humo y todavía huela peor. Sí, sí, claro, claro, por supuesto que sí y no nos van a llevar presos, verdá, por apología de la violencia o eso, pero no seré yo el único que he disfrutado viendo las imágenes de los fuegos madrileños, una nada si pensamos como han pensado muchos: ¿por qué todavía no le han dado fuego a algún banco? Algo incompresible. Y es que el pueblo, el temible pueblo es pacífico, mucho más pacífico de lo que se dice. Los violentos, los famosos violentos son los que te acogotan por lo legal, los que te echan a la calle, los que te dejan en situación de indefensión real jurídica y social, los que te apalean y maltratan. ¿El pueblo? El pueblo es pacífico, hasta cuando tiene la oportunidad, rara la verdad, de cobrarse la revancha y hablar un rato para variar de justicia, invirtiendo los papeles de la sala de audiencia: baja del estrado, que ahora me toca a mí. Pacífico. Se queda corto.

No todo en Madrid es imagen del descalabro nacional ni mucho menos y eso que los taberneros castizos todavía se preguntan por el qué van a decir los turistas de la basura que se amontona poco a poco en las esquinas. Pues qué van a decir los turistas. Lo que ya saben, lo que vienen leyendo en los periódicos: que han llegado a un país de mierda gobernado por maleantes, en el que a la conquista económica y al saqueo a pedo de burra se le llama inversión extranjera; en donde a la construcción de un sólido mundo para ricos y solo para ellos se le llama emprendimiento, y en el que la clase más pudiente no vuelve al lugar en donde estaba antes de que empezara la crisis porque nunca se había ido: revolución de las tapas, sí, mientras los que deberían armarla porque las tapas, esas tapas, no van a ir con ellos jamás, son apaleados, sometidos por el miedo, y como mucho queman unos contenedores… demagogia, bonita. Revolución de las tapas y los pintxos en defecto de esa revolución de los claveles que a este paso no haremos jamás, porque en realidad no podemos, a duras penas formamos coaliciones electorales de no muy largo alcance. Dudo que haya una mayoría social compuesta, entre muchos otros, por los dañados, expoliados, que esté de verdad por un cambio y acepte que el nuestro es un desgarro social desde hace mucho, ese desgarro de unos sobre otros.

Y vuelvo al tabernero. ¿Qué van a pensar los turistas? Ya estamos. No, los turistas no. Nosotros. ¿Pues qué van a pensar? Lo ya dicho, que están en un país de mierda, cosa que depende quien lo diga se gana el aplauso de la concurrencia o el abucheo. Por ejemplo, el colombiano Fernando Vallejo, que tiene la suerte de ser el viejito mimado de Alfaguara/El País, dice en su reciente novela Casablanca que España es una mierda y plas, plas, plas, aplausos, qué tío Vallejo, qué prosa. Viene el poeta Albert Pla dice lo mismo y se le echan encima los mastines patrióticos. Todo depende…, aunque no sepa muy bien de qué y en qué momentos sí y en qué momentos no. Es tiempo de inseguridades, suelen decir los que no tienen nada a qué temer. Este es el país de los tartufos y de los que las matan callando, como el diputado Salvador con sus Sicav…, pero como lo hacen muchos, qué más da que lo haga un diputado de más o de menos. Aquí se trata de quitarle, de hacer dinero a como sea, luego, luego… igual ni te pillan y, si lo hacen, lo más común es que no pase nada. ¿Desgarro, qué desgarro? Ahora mismo, por ejemplo, están demasiado ocupados en apagar los fuegos de la infanta y la real majeza, en las falsas memorias de Aznar y en el baile interminable de chicharros entre la Cospedal y el Bárcenas y sus peñas respectivas que lo jalean: un Paquito el chocolatero, una de moros y cristianos, entre ricos y pobres. Los fuegos de las basuras se apagan solos, dicen, aunque en el aire quede un intenso olor a jiña, porque es el que flota con y sin hogueras de por medio.

“¡Ay, la verdad…!”

En plena tormenta del falso descubrimiento de un espionaje masivo en toda Europa que alcanza no ya a políticos, sino a millones de ciudadanos invadidos y atropellados en su privacidad, el ex analista de la CIA Snowden ha declarado que decir la verdad no es delito.
informante-Edward-Snowden-Hongk-Kong_CLAIMA20130610_0041_14Sin duda Snowden lo ha dicho no desde Rusia, donde está refugiado, sino desde otro planeta, lejano, ignoto, porque desde luego no ha podido ser desde este donde vivimos la mayoría. Y es que su afirmación suena grotesca más que lapidaria. No se trata de una perogrullada ni de una divisa de ética caballeresca, porque lo cierto es que a estas alturas, además de que no sabemos con certeza lo que es delito y lo que no, cuándo sí y cuándo no, y sobre todo para quién sí y para quién no, decir la verdad sí se está considerando un delito cada vez más grave, una conducta anti social que debe ser castigada y reprimida, algo impropio de patriotas, una irresponsabilidad… Eso al margen de que puede acarrearte consecuencias en lo privado y serios problemas de convivencia. La voz de la prudencia y del miedo te aconsejan no decirla; y la voz de la dignidad que no te la digan y quieran encima metértela a porrazos.
La verdad… ¿Qué verdad? ¿La verdad que encerraban los ordenadores del Bárcenas? Lo pregunto porque en este caso concreto se entiende mal que lo que puede ser una evidente destrucción de pruebas, para la juez que se encarga del caso no es materia de delito ni de lejos. La juez (con el apoyo de la fiscalía me parece) se basa en el peregrino y abusivo argumento de que los ordenadores son propiedad del partido y este, en esa cualidad de propietario, puede hacer con ellos lo que le venga en gana; partido que sigue estando bajo sospecha y que con pruebas en la mano podría haber sido acusado en firme de múltiples delitos. Hay un interés político y sobre todo gubernamental en que eso no suceda.
Lo anterior te obliga a pensar en que es como si el asesino hiciera desaparecer el arma con la que ha cometido el crimen aduciendo que es de su propiedad o como si el dueño de un empresa en situación de quiebra fraudulenta hiciera lo propio con sus soportes de contabilidad o la documentación comercial. Resultado: una vez más la justicia está bajo la intensa sospecha de que existe una relación de dependencia con el poder ejecutivo. No sostengo que suceda, digo que esa es la sospecha que abriga el ciudadano, la que alienta su ya muy deteriorada confianza en la justicia.
¿La verdad? ¿Cuál? No sé, tal vez se trate de la que hurtó el ministro y el propio gobierno español a la ciudadanía, al no darse por enterados del espionaje masivo y declarar con desparpajo no tener constancia de las ilegales actividades de servicios secretos extranjeros, para días después verse obligados a admitir no solo que se ha practicado ese acopio ilegal de información, sino que los propios servicios de inteligencia del gobierno español han participado en la fechoría junto a alguna compañía privada, encima. Y no vamos a ser informados del alcance concreto y la repercusión en lo privado que ha tenido eso en la ciudadanía. ¿La Carta Magna? Empieza a ser papel mojado, violado un artículo, violados todos.
Estamos en manos de maleantes. Conviene no ya admitirlo, sino repetirlo, aunque con poca confianza de que sirva de algo. Suena poco creíble y a burla que los gobernantes ignoren lo que sucede en las cloacas (CNI, cuerpos policiales y empresas privadas contratadas para la faena) del país que gobiernan o que tienen sometido, como es el caso. A esta gente les importa un carajo que se viole la Constitución que dicen defender. No pueden pedir que les respetemos o que respetemos lo que ellos mismos no respetan. Así con todo.
Mamadou-Melilla-MarruecosFotografia-Angel-Navarrete_EDIIMA20130917_0594_16¿La verdad? ¿Cuál? ¿La que es del dominio público? No sé, pero sí sé que, además de que todo depende de los mamporreros, cuadrilleros y secuaces que tengas y te aplaudan, si sales a la calle a proclamarla, a expresar esa verdad manifiesta del paro, la pobreza, los recortes y la violencia institucional cada vez mayor te apalearán y multarán y procesarán al cabo y hasta transigirás con una condena injusta por no empeorar las cosas. Verdad. Hay mundos, no sé si imaginarios, como las Islas Flotantes, en los que no es delito, y otros en los que sí lo es, al arbitrio siempre del que tiene la fuerza de mano, el que decide con el código de la arbitrariedad en mano.
Espionaje masivo a la ciudadanía, régimen policial apenas enmascarado, una banca impune, una princesa cuyas andanzas domésticas causan sonrojo y que recibe cobertura mediática y sectaria para no ser encausada por saqueo, un abismo insalvable entre ricos y pobres, una privatización que hace de la vida pública un negocio para lobos porque hasta la ayuda a la pobreza sirve para obtener beneficios fiscales… y en el fondo del paisaje, la lejana tragedia del desierto de Níger, los muertos por deshidratación hoy, los ahogados de Lampedusa ayer, los que podemos imaginar, aquellos cuyo destino no llegaremos a conocer, antes y ahora mismo, en otra noche y en otro desierto,  todos en su huida del hambre, de la violencia, de la miseria, para alcanzar estas tierras donde se espía a mansalva y donde el trabajo escasea y la pobreza crece. Hambre.  Una migración legítima que nos pone de nuevo ante la pregunta ¿qué hacer?… El gobierno lo tiene muy claro: afilar las cuchillas de las alambradas de la ciudades enclavadas en Marruecos… Afilar, cuchillas. ¿A qué suena? Un rostro humanitario de aparato y una trastienda de crueldad. La próxima será meter bala. Poco o nada sabemos de la realidad de los centros donde se acoge (recluye) a los inmigrantes atrapados en el asalto, rescatados, dicen, más de tres mil en lo que va de año, ¿y los anteriores? Y no sabemos porque preferimos no saber, cuanto menos mejor, de esta migración ya masiva del continente africano hacia donde haya más vida, vida posible, vida a secas. Preferimos que solo sean imágenes en el televisor, runrún de las redes sociales que hoy se encienden y mañana se apagan, un ruido de fondo de horror renovado que ya se inquieta apenas porque nos hemos acostumbrado, como nos vamos acostumbrando a que nos mientan porque lo damos por inevitable, fatalistas, a deshoras.  [Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, el 3.11.2013]

Viaje de vuelta

Daniel_Defoe_by_James_Charles_ArmytageDespués de hacer efectuado algunos arreglos y cambios (pocos), en unas horas, hacia media tarde, volveré a hacer público mi blog Vivir de buena gana que ha permanecido cerrado a lo largo del mes de octubre. Por accidente, la casi totalidad de las entradas correspondientes al año 2013 que no estaban en Liquidación por derribo, han desaparecido; y por  fortuna, la mayoría de ellas estaba ya recogidas a origen en el borrador de un libro que aparecerá en los próximos meses: Con las cartas marcadas.
Siento haber mareado a mis lectores, pero más mareado he estado yo mismo por un motivo u otro. Al margen de que necesite de un espacio donde hacer ver cuáles son mis trabajos, estimo que no cabe hacer una distinción entre lo literario y lo que nos sacude de las solapas a diario y empuja a, cuando menos, ponerlo por escrito, aunque nuestras palabras, en la Red, y a no ser que tengamos mucha audiencia, me recuerdan a las hogueras en las que los vagabundos se calientan las manos, de espaldas a la oscuridad, el frío, la precariedad y la violencia.
Necesitamos un lugar donde hacernos oír, al margen de que, muy a menudo, nuestros gestos, voces y gritos sean los del naúfrago.