Comer pipas

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Mal asunto el de comer pipas delante de la fuerza pública porque parece que, al arbitrio del uniformado que tengas enfrente, te pueden meter una multa de mil euros (1 000 €), como acaba de suceder en Murcia, con un ciudadano llamado Paco el Carnicero, que estaba protestando junto con muchos otros por el asunto de las vías soterradas del TAV, que tienen a la población sublevada desde hace tiempo: desordenes graves… por las pipas, porque se ve que sin ellas no hubiesen sido tan graves.

Paso por alto las confusas circunstancias concretas de los hechos –reseñadas «con la debida confusión» en la denuncia que se ha hecho pública– para fijarme en las pipas y sus mondas, y en la única manera onomatopéyica y Psittacoidea (relativa a los loros) –clas, clas, clas, tuf–, que conozco de consumirlas, estés o dejes de estar en presencia, alejada como es el caso, de uniformados.

Es un hecho en apariencia insólito, pero que no desentona de una tónica general del disparate nacional que no cesa, que nos hace reír y llorar, y que, sobre todo, nos va amedrentando poco a poco. ¿Quién decide que la forma de comer pipas del ciudadano es «desafiante» y, en consecuencia, acreedora de ser multada? ¿Cuál es el precepto legal que habla del comer pipas en público? ¿Cuál es la forma singular del desafío en el arte de comer pipas y cuál la forma del común que debe ser, imagino, sumisa, modesta y dócil? ¿Hay una forma obligatoria del comer pipas? ¿Es solo las pipas, o también otros comistrajos pueden ser tomados como desafío a la autoridad, figura esta que no está en las leyes? Me gustaría saberlo porque lo kafkiano hace mucho que irrumpió en nuestras vidas salvo para los que aplauden a Kafka y en lo cotidiano alientan, aplauden y sostienen lo kafkiano con su voz y con sus votos, algo muy común en la gente de orden.

         Está claro que a este paso, si un día deciden prohibir y retirar los libros rojos, empezarán por Caperucita roja. Ese y no otro es el nivel de represión que estamos viviendo: arbitrariedad, Celtiberia show sin horario de cierre, caza del ciudadano porque sí y porque no, escatología, disparate… los pequeños demonios de la incultura andan sueltos, los de un pervertido principio de autoridad también. Prima un concepto venenoso y dañino de la autoridad ligada a la fuerza y no al derecho y al sentido común, una mentalidad cortijera en la que el capataz es más rígido que el amo, un estar convencido de que por el hecho de vestir uniforme la impunidad va aparejada a este.

         Y si, ahora mismo, el Tribunal Constitucional se ha visto obligado a sentenciar que la Policía está obligada a informar a los detenidos, por escrito y antes del interrogatorio, de los hechos que se les atribuyen y de las razones objetivas sobre las que se apoya su detención, no es por otra razón que porque se había producido una detención sin las debidas garantías. De lo contrario no hubiese habido reclamación alguna. Garantías, ley positiva, nada de interpretaciones arbitrarias, nada de «actitudes», sospechas o predicciones.

         La ley Mordaza, y su pegajoso entorno de tela de araña jurídica, obvía el camino procesal de las detenciones y acusaciones, llevando al ciudadano a la arbitrariedad e indefensión más absoluta, como es la vía administrativa en la que, en la práctica, tienes poco que hacer y mucho que perder.

         De las canciones y las palabras aladas de las redes sociales (lapos tabernarios es posible) a las pipas callejeras que hay que consumir de manera modosa como monagos en cine parroquial con película de miedo, que esa es la que nos van echando, por mucha risa que a ratos nos dé, los motivos de ser multados proliferan tanto que al final sobrarán, que esa es la idea, mucho me temo. No dejan otro recurso que la chanza cuando la denuncia de la gravedad del estado de cosas resulta ineficaz. Está visto que, de la misma manera que para orinar en campo abierto hay que cuidarse de no hacerlo en contra del viento, para comer pipas en la vía pública hay que mirar bien mirado si no tienes uniformados en los alrededores.

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El despiporre nacional

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El país en el que vivimos es este en el que un conocido general de división, Juan Chicharro Ortega, en situación de reserva desde 2010, se estrena como responsable de la única institución que exalta y defiende a la dictadura, amparada por leyes de intención torcida impensables en otros países europeos: la controvertida Fundación Francisco Franco, dedicada a ensalzar la dictadura y su máximo protagonista y a custodiar secretos oficiales con dinero público. Una delirante irregularidad, pero una más, nada que induzca ya a escándalo alguno y aunque lo hiciera, total para qué.

El general que ahora va a presidir esa excrecencia del sistema democrático es bien conocido por sus destemplanzas e insultos a gobiernos autonómicos que tienen sus propio abogados, parlamentarios y hasta comunicadores para defenderse; si no lo hacen es cosa suya. Basta rastrear en la red sus actuaciones por mucho que ahora mismo se desdiga de algunas de ellas, como las relacionadas con el Ejército y Cataluña, y diversos separatismos: «En caso de crisis o más bien quiebra constitucional el Rey puede adoptar las medidas necesarias para restablecer la normalidad constitucional» «La patria es anterior y más importante que la democracia. El patriotismo es un sentimiento y la Constitución no es más que una ley».

Por esas declaraciones pronunciadas en un acto en un casino militar o paramilitar le abrieron una investigación, lo que en este país en la práctica equivale a echar tierra encima, que en su caso se saldó con la dimisión del general aceptada por el marcial Perico Morenés.

Ese general ha estado destinado en puestos muy cercanos al monarca en excedencia, ayudante de campo nada menos. La sacrosanta Transición obliga.  Si esa fundación no estuviera sostenida con dineros públicos, el ex general y sus aguerridas tropas fundacioneras podrían hacer lo que les viniera en gana, con dinero de sus bolsillos y dentro de los límites de esa estricta legalidad tan reclamada en los últimos tiempos por un Gobierno que hace con ella confetis por la puerta de atrás en sectores que sí son de vital importancia para la ciudadanía como la fragilidad de las economías familiares a costa de la pimpante salud de la banca, la mediocridad manifiesta del mercado laboral, el negocio inmobiliario de nuevo,  la amenaza cierta al sistema de pensiones público tal y como viene sancionado en la Constitución… El actual régimen político español no garantiza nada de lo que constituye un elemental estado social del siglo XXI. Pero el caso es que esa exaltación del franquismo y la dictadura se hace con dineros que, junto a muchos otros que han ido a parar a bolsillos privados, se están cicateando a los pensionistas a los que encima se les multa cuando se manifiestan.

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Raperos condenados a cinco años de cárcel en total, eurodiputados   amenazados de muerte en un monumento algo más que religioso como es el mausoleo del dictador de donde hay familiares de víctimas del golpe militar que no pueden retirar los restos de los suyos; falangistas declarados –así se presentaron a la pugna de las urnas–  reciclados en jueces que juzgan a raperos levantiscos; abogados en ejercicio que cuando vestían uniforme redactaron condenas a muerte a sabiendas de que el proceso estaba viciado y que fueron ejecutadas, como la de Salvador Puig Antich; jueces contaminados por sus relaciones familiares o que hacen alarde de autoritarismo y de parcialidad política tras haber sido atrapados en una situación que para otros sería plenamente delictiva y motivo de sanción como es la conducción sin casco y en estado de ebriedad.

         «¡Viva la Pepa!», no, no hay Pepa, y lo que no hay, por el momento, es una nueva Constitución del Estado… Que viva en cambio el despiporre nacional, el nuestro. Que vivan la charanga, la pandereta y hasta el almirez, que salgan a escena las corsarias con su banderita y bailen con ella hasta el agotamiento, un despiporre y un lastre que induce al sálvese quién pueda en la medida en que un frente común de oposición es hasta ahora no una utopía, sino una engañifa.

La canallada del día (Carlos Cuesta)

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Me temo que de nada serviría decir que quien tal cosa afirma es un canalla, porque falta de manera estrepitosa a la verdad entre otars cosas, con auténtico dolo, ni siquiera que ha escrito una página más de la Historia de la Infamia nacional. No, los insultos están de más, mejor reflexionar en que ese personaje no está solo en esa trinchera de reescritura de la historia a conveniencia de los criminales de entonces y de sus herederos de hoy. No hay infamia que con el aplauso debido no se convierta en verdad revelada. Creo que los familiares de las víctimas deberían querellarse, con pocas expectativas todo hay que decirlo, pero cuesta admitir que algo así pueda quedar impune.

Bocas abiertas y cerradas

47805981Esta ha sido la semana de la libertad de expresión. Empezó con la desproporcionada condena a un rapero mallorquí, Valtonyc, y se cerró con una traca ruidosa de veras: la censura de una obra de Santiago Sierra en ARCO, algo que desautoriza a esa feria, que lo es, en su peor sentido, y el secuestro de un libro, Fariña, del periodista Nacho Carretero, sobre narcotráfico en Galicia.

El Tribunal Supremo ratificó la condena de tres años y medio de cárcel que la Audiencia Nacional había impuesto al rapero Valtonyc, acusado de enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias graves a la Corona, y amenazas al presidente del Círculo Balear que fue quien echó a rodar la denuncia originaria. El TS desestimó todos los alegatos de Valtonyc basados en la libertad de expresión y en el propio género practicado, el rap.

El asunto de la censura de la obra de Sierra en ARCO es político porque, si intención de denuncia política tenía la galería de retratos pexelados, las respuestas lo han sido: tanto la de los medios de comunicación afines al régimen de M.Rajoy como la del público que disfruta cebándose en sus enemigos políticos, como la de algunos políticos: Margarita Robles, portavoz del PSOE, de la que luego se desdijo, cuando se dio cuenta de su disparate. ¿No crispar el ambiente?  ¿Acaso el clima de convivencia pacífica se basa en la represión continuada?

¿Hay o no hay presos políticos en España? Esa es una trinchera, depende de a qué lado estés. Yo creo que los hay en la medida en que las medidas tomadas son más que dudosamente jurídicas, por mucho que utilicen instrumentos jurídicos, y sí muy políticas. La añagaza de la ley quebrantada está por ver. No todos los juristas niegan ni mucho menos esa calificación que hasta ahora es mediática y política.

La furia es tal que un vecino provocó con una delación una intervención policial para detener a un falso Puigdemont. Como se ha dicho, lo grave no es la actuación policial, sino la delación, el espíritu que la anima.

¿Libertad de expresión? Sí, la hay, pero más para unos que para otros. Todo lo que está cayendo sobre Anna Gabriel en forma de injurias que revelan no ya tosquedad o machismos revenidos, sino una mala leche constitutiva, serían intolerables en sentido contrario. La prueba lo sucedido entre la Cifuentes y Ada Colau. La acusación de apoyo a ETA era grave, porque este lo es y mucho, pero en su caso y por pertenecer a la elite política del sistema, la del rajoyato, no era sino libertad de expresión. Cuídese usted de hacer lo mismo. A esto se le llama inseguridad jurídica y esta concuerda mal con un sistema plenamente democrático

Censuras, delaciones dementes, condenas desproporcionadas e inexplicables en su comparación con otros delitos, prohibiciones, vigilancia extrema en las redes (para unos, no para otros) y fuera de ellas, autocensuras evidentes, multas… No es la mejor imagen de un país en el que de la libertad de expresión se está haciendo confetis, sino de un país a la deriva, autoritaria, como ya venimos advirtiendo desde hace años. Cuando es noticia que una familia no tiene dinero para las exequias de su hijo algo falla de manera estrepitosa en la recuperación económica que cacarea M.Rajoy; lo mismo con los pensionistas en la calle ante la amenaza nada imaginaria del descalabro del sistema de pensiones.

El secuestro cautelar de Fariña lo ha sido a instancias del exalcalde de O Grove condenado por narcotráfico y absuelto por defecto de forma, que busca de ese modo proteger su honor e intimidad, lo que ya es de traca. El exalcalde aparece citado en el libro en dos ocasiones. Eso es todo. El narcotráfico no es un asunto privado, sino uno del máximo interés público que tiene suficientes lazos con  personajes públicos e instituciones, nunca del todo aclarados, como para ser un objetivo prioritario de la justicia. El resultado: las librerías se han plantado, el libro se vende como pan bendito y tiene un eco mucho mayor que el que hubiese tenido sin la intervención del exalcalde de O Grove. Victoria pírrica en todo caso, porque la prohibición es una amenaza cierta de futuro.

 

Los descuidos

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Resulta delirante que un personaje tan turbio como el expresidente Felipe González, el de los GAL, el de la fortuna amasada gracias a la política y a sus odiosas trastiendas, hable de «descuidos generalizados» para referirse a la colosal corrupción política española, aunque más delirante resulta que él y otros como él, sigan pintando algo en la vida pública española necesitada de una regeneración urgente… provoque esto las risas que provoque, me da igual.

En mi opinión una melonada como la citada le hace a González encubridor o cómplice de la riada de casos de corrupción que han anegado la vida pública española en los últimos veinte años, por no hablar de los suyos, los del felipismo incontrolado. Algo sabe Felipe González de descuidos y se le podría refrescar la memoria con lo sucedido con Urralburu y los suyos, a quienes considero unos simples peones de un saqueo político de más largo alcance.

 Descuidos, sí, los de los descuideros, que son honrados a carta cabal hasta que la justicia destapa el fraude, el enriquecimiento injusto, la ganancia indecorosa, el filo de la ley y la habilidad ratera del llamado «dos de oros», la de los carteristas.

Descuido es alertar de la proliferación de noticias falsas, mientras se miente a placer a la ciudadanía practicando una política de una asombrosa opacidad en sus resortes.

Lo cierto es que la vida política española está llena de descuidos, de despistes y de pos verdades, por no hablar de mentiras descaradas y de un descontrol fabuloso que se intenta tapar a base de dosis de patriotismo que es preciso meter a cucharadas.

Cito ahora por largo a Ramón Pérez de Ayala, poco sospechoso de izquierdista, por muy de republicano que oficiara, hablando de patriotismo, hace cien años, en Política y toros: «En todos los países, cuando a un político le han fracasado sus manejos, o anda urdiendo una pillada lucrativa, rara es la vez que no apela al resorte del patriotismo declamatorio.»

Los descuidos de los poderosos los cantaba con desgarradora precisión Alfredo Zitarroza en «La ley es tela de araña», cuando al hablar de cómo a un gaucho que roba unas espuelas lo crujen, pero «Vamos pues a un señorón: / Tiene una casualidad; / ya se ve, se remedió, / un descuido / que a cualquiera le sucede, / sí señor.»

¿Y la mosca? (esto es el dinero alzado), se pregunta el poeta y a sí mismo se contesta y nos ilustra: «No se sabe, el estado la perdió»… y el preso sale a la calle y se acabó la función.

Descuidos, despistes, como el de Barrionuevo, condenado por el caso GAL, que estuvo en la cárcel menos tiempo del que llevan ptesos los dirigentes políticos catalanes (sin juicio) y los jóvenes de Alsasua (sin juicio).

Descuidos o despistes como los que revela la imagen del líder del PP en Santiago de Compostela rebuscando basura con una rama en la orilla del río Sar y que conforme la va encontrando la va tirando al propio río cuya contaminación denuncia. El descuido es de carcajada, ridículo si quieren, pero también revela algo grave: que esta gente que está en el gobierno piensa una cosa y hace otra, y que demasiado a menudo esos lapsus –sketches cómicos para sus cómplices–, no son sino muestras de lo que de verdad hacen y piensan en las trastiendas. La soltura del pepero gallego hace ver que eso de tirar basura al río es algo natural, que hacer lo contrario hubiese sido una rareza que no entraba en sus planteamientos.

¿Les preocupa el futuro de las pensiones o el imparable empobrecimiento de un sector cada vez más amplio de la población? No lo creo. En absoluto jamás se les ha odio hablar del alcance del desastre anunciado para una ciudadanía cada vez más desprotegida, tanto que hasta causa la alarma europea.

 Cito de nuevo a Ramón Pérez de Ayala, con palabras de 1917, cuando decía que algo grave estaba sucediendo en el país: «Lo que haya pasado entre bastidores nadie lo sabe. Lo característico de la vida “pública” de España es que siempre se desarrolla en secreto». ¿Les suena de algo?  Es posible, pero fue escrito hace cien años, y así estamos… por descuido.

Cacería y picota

Frau am Pranger / franz.Buchmal. um 1296 - Woman in the pillory/French illum.c.1296 - Femme au pilori/ Enluminure frç. v. 1296 Lo que está sucediendo con Anna Gabriel me confirma que este es el país de la crueldad y la mala leche. Lo vio Cervantes con sus gañanes apaleadores, lo han visto quienes lo han pintado y descrito desde el dolor y la ira durante siglos. Hay gana de muta, esa cacería grupal que hace ochenta años encendía la ideología: «Hemos salido al monte a cazar traidores», decía con entusiasmo un corresponsal de pueblo en el periódico de la capital de la provincia, un entusiasta patriota, uno de esos que ahora trata el Gobierno de formar en el adoctrinamiento escolar ideológico. Una vez más, lo que vale para mí, es motivo de persecución en tu caso, aunque solo sea imaginación mía.

Anna Grabriel ha cometido el pecado de caer mal a los tendidos de esta corrida de descabellos por ser mujer y por ir vestida como le da la gana, casi más que por ser independentista y radical en lo político y social. No va «arreglada» y eso en este país se paga, y caro. No hay burla que se hayan ahorrado, todas zafias. Los ingresos desmesurados de otros diputados son legítimos, los de Anna Gabriel eran un «sueldazo», dicho con la retranca de quien piensa que no se lo merecía y disfruta al ver que, dejando su escaño, se queda sin él. Picota, pellas, burlas… basura. Ese sí que es un drama nacional que pervive en el tiempo, una furia que tiene como norte el que sus adversarios, los que forman en sus filas, vayan a morir al palo, la expresión más repugnante que conozco, con mucho, de chulapo que busca doblegar, humillar, no convencer ni mucho menos seducir, eso para qué.

Ahora quieren ver a Gabriel en la cárcel, pero antes humillada, burlada, expuesta al público (antes populacho), al vocerío, como lo fueron de manera impune los políticos que por el hecho de serlo siguen en prisión sin juicio y llevan más tiempo encerrados del que estuvieron los responsables de los crímenes del GAL, finalmente indultados y socialmente exonerados por aclamación sectaria y cuidadoso silencio mediático.

Importa poco que juristas de prestigio, como la penalista Tomás y Valiente hace nada y otros a los que no se tiene en cuenta, digan que resulta más que dudosa la comisión de los delitos de los que se les acusa a los políticos catalanes, lo que coloca a la administración de justicia en una posición de castigo político, algo que se comenta solo.

Tampoco resulta del agrado del público de este colosal reñidero la nueva posible candidata a la presidencia de Cataluña. Es independentista, es mujer, y su candidatura está colocada en el punto de mira de la amenaza de una aplicación del 155 con repetidora de postas. Tiro al mono non stop. Se ve que quieren forzar las cosas hasta que la situación política dé un vuelco que les resulte favorable. Hay alguien que quiere ganar por caminos tortuosos las elecciones que en las urnas pierde por sistema, antes, ahora y mañana. Eso no se puede consentir. Resultado: el imparable deterioro y descrédito de las instituciones que deberían sostener un sistema político.

Nada provoca ya sonrojo ni inquietud. Todo es según convenga a quien tiene la fuerza de mano. Así, a nadie le inquieta que un Instituto Cervantes, el de Orán (cargo público y político), esté dirigido por la esposa de un político de la derecha condenado por corrupción, en favor de un jeque árabe, a 18 meses de cárcel por hechos cometidos constante matrimonio. Que la política sirve para hacer dinero no se trata aquí porque está ya muy visto. De lo que se trata es de que antes solo eras corrupto si te condenaban, mientras que ahora, aunque te condenen, si el partido y la peña de incondicionales te apoya y la prensa afín calla, no lo eres. Ahora no pasa nada, cada vez menos, barra libre, todo es válido, todo se puede hacer mientras tengas en tu mano todos los recursos del poder.

¿Hago yo lo mismo que denuncio? Probablemente. Nadie se salva de esta pelea, nadie la ha empezado, nadie la azuza a diario, nadie aplaude ni abuchea ni participa. Pero, ¿cómo callar ante lo que ves, que es cuando menos poco decoroso?

 

Pomés, una burla sangrienta

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De manera menos lenta de lo que parece, pero sí muy segura, se están sentando las bases  de una sociedad profundamente desigual e injusta, de convivencia de verdad pacífica difícil, en la que no solo hay vencedores y vencidos, sino privilegiados y perjudicados sin remedio por carencia de medios económicos: unos se aprovechan sin límite del sistema y otros lo padecen. Y demagógico eres tú por señalarlo, no quien aplude, calla, justifica, minimiza… porque es de la mism jarca. Es imposible quedarse callado.

Sobre el titular de esta entrada basta repasar en la red de qué se trata el proceso emprendido contra el exeurodiputado (entre otros), los motivos, los hechos y la petición fiscal originaria…

El proceso

el-proceso-franz-kafka-orson-wellesEs y no es el de Kafka, es y no es el catalán, pero es sin duda uno en el que, nos guste o no, estamos viviendo: un proceso de deterioro imparable de normas éticas elementales, de instituciones y de verdadera convivencia.

Si la captura maliciosa y furtiva de comunicaciones privadas, como las de Puigdemont-Comín, se considera algo de interés público en razón de los interesados, me parece que estamos perdidos. Lo mismo si se considera legítimo. No hablo de intervenciones judiciales amparadas por una cuerpo legal, sino de trofeos de caza mediática a colgar en el reñidero político y de espectáculos informativos.

La persona objeto de la captura de sus comunicaciones puede estar en un lugar público, pero lo que tiene entre manos ni lo muestra ni lo exhibe. Su captura exige disimulo, medios técnicos apropiados e intención de captura. Defender la legitimidad de una actuación como esa es defender un todo vale, no ya en razón de que el perjudicado sea tu adversario o enemigo político, sino sentar las bases de una tara social consistente en que la privacidad se derrumba a pasos agigantados sin causar alarma alguna, con auténtico entreguismo o fatalismo. Esto último hasta puede ser más grave que el intentar dañar a tus enemigos políticos con medios ilegales o que están en aquel famoso filo de la legalidad de la que habló un ministro del Interior de siniestro recuerdo. Festejar esto último como quien festeja una faena taurina de descabello me parece algo siniestro, pero muy en el tono de la tristísima y grave situación que estamos viviendo.

Ahora mismo pocas dudas tengo de que se está haciendo uso del ordenamiento jurídico de manera ideológica y torticera, utilizando cuerpos de enjuiciamiento procesal y retorciendo leyes, pero lo que yo opine y nada es lo mismo. Voy acostumbrándome. Estamos en medio de una batalla política de bandos que tienen sus partidarios y sus adversarios, y los montajes jurídicos, armados para blindar actuaciones políticas dudosas a origen, son un arma de primera desde hace mucho. Basta leer con detenimiento los autos de la juez Llerena -y no solo ella- para darse cuenta del alcance del dislate. No hace falta ser un experto en temas judiciales, con poder leer un periódico con mediano aprovechamiento, basta. La intención ideológica y política está tan clara que los argumentos jurídicos se pierden en lo sonámbulo, por no decir en lo funambulesco. Y cada trinchera tiene sus expertos, eso también es cierto.

Lo he dicho muchas veces: no soy un adivinador del porvenir, por mucho que este me preocupe, visto lo vivido a diario. Pero dudo mucho que con o sin independencia catalana, con o sin vuelco político e ideológico dentro y fuera de Cataluña, con encarcelamientos y procesos enrevesados que pueden durar años, acabe por difuminarse un clima de agravios permanentes y de enconos, y que se pueda vivir en uno de convivencia social pacífica que no esté aherrojado con abusos, multas, condenas, mentiras, prisiones, palos y linchamientos mediáticos constantes. La espuma de todo esto, reflejada en las redes sociales, resulta repugnante. Si lo que ahí aparece es el fiel reflejo de la realidad social del país vamos dados: un potaje de ideas preconcebidas, mala fe, falta de instrucción elemental, incultura, sectarismo, ferocidad… que es cosa siempre del otro. No sigo porque no todo es así, pero cuesta ser ecuánime y hasta defender las propias ideas con coraje y sin ánimo ofensivo o burlesco. Hay una realidad social alarmante que ya es raro que aparezca en el reñidero y no porque haya perdido virulencia, al revés, pero estropea mucho el paisaje. Lo sucedido hace unos días con la leyenda urbana de los desahucios es buena prueba de lo que digo;la amenaza del sistema de pensiones otro tanto, del precario mercado laboral mejor no hablo… Ese proceso de deterioro social está resultando imparable en todos los sectores que sostienen un elemental bienestar al alcance de todos. Lo que resulta kafkiano no es ya ese proceso, sino que sea preciso recordar algo que es del dominio público y que no causa la famosa alarma social que debería, ni siquiera entre los directamente afectados o amenazados. Y así vamos tirando… no, así vamos cayendo.